Carta del rector
Carta del Rector

Bogotá, 10 de abril de 2019

Apreciada comunidad unicentralista:

Están de moda hoy las fake news, o noticias falsas, que distorsionan la verdad y manipulan tendenciosamente la opinión pública.

La Universidad no es ajena a esta realidad. Con el pasar de los años y por causa del reciente asentamiento de la era digital, la comunicación se ha ido insertando en dinámicas heterogéneas que traen consigo incontables oportunidades y desafíos. Están dadas, por ejemplo, las condiciones necesarias para cumplir el sueño de estar al pie mismo de los hechos: la tecnología permite compartir novedades al instante y transmitir imágenes desde cualquier lugar. Pese a lo anterior, la comunicación que llega a nuestros oídos con rapidez no es, necesariamente, la más oportuna y fiable.

Gracias a plataformas como las redes sociales, muchas personas se han convertido en emisoras de mensajes. El problema de estas prácticas comunicativas es que los rumores se convierten en información difícilmente contrastable o verificable porque por su carácter inmediato es muy difícil darle el suficiente contexto.

En una de sus columnas, el escritor y doctor en semiología y cultura, Ignacio Ramonet, se refirió a las mutaciones que ha experimentado la comunicación, gracias a las cuales se ha descartado, en buena medida, la comprensión profunda de los acontecimientos.

Informar es una acción que hoy se malentiende. Para la mayoría, significa enseñar la historia en marcha, hacer asistir al público al acontecimiento, estableciendo así “la engañosa ilusión de que ver es comprender”. Pero no es así. Informarse, cuesta. No basta leer un par de encabezados o hacer zapping un par de minutos entre noticieros. Tampoco es esta una mera cuestión de deslizar el dedo repetidamente por la pantalla del celular. Informarse constituye, en todas sus manifestaciones posibles, una actividad productiva, consciente, “imposible de realizar sin esfuerzo”, pues exige una movilización intelectual responsable, sólida y continua.

Comparto con ustedes estas reflexiones no porque quiera disertar sobre las novedades propias de la era digital o alrededor de la labor periodística —que me es tan querida y que tuve la oportunidad de desempeñar durante muchos años—, sino porque quiero hacer un llamado a la comunidad unicentralista alrededor a la importancia de estar bien informados sobre los asuntos relacionados con el sector educativo, en general, y con nuestra Universidad, en particular.

Indagar, buscar, formular preguntas fortalece la democracia representativa y participativa, lo que aporta directamente al afianzamiento del gobierno universitario y a la toma informada de decisiones en beneficio del desarrollo de nuestro claustro. Como afirma el pensador israelí Yuval Noah Harari, “en un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder. En teoría, cualquiera puede intervenir en el debate acerca del futuro […], pero es muy difícil mantener una visión clara”. Es indispensable, por eso, que estemos al tanto de todo lo que acontece en la Universidad si queremos hacer aportes valiosos, dictámenes acertados y críticas constructivas sobre el estado actual de la Institución y sobre sus acciones estratégicas: solo así podremos nutrir nuestro trabajo de orientación y crecimiento institucional para el mañana.

Lastimosamente, cuando surgen coyunturas relacionadas con el quehacer institucional, comienzan a hacer carrera rumores sobre el estado de la Universidad, que se propagan con facilidad y que, además de ser imprecisos, tienen un impacto negativo. Nada positivo queda de la desinformación: solo se pone en entredicho la voluntad que tenemos de ofrecer un servicio educativo integral y de la más alta calidad posible.

Los llamados “runrunes de pasillo” suelen ser acogidos con gran facilidad, pues es más sencillo y acomodaticio aceptar los comentarios que se hilan entre personas cercanas que cotejar con fuentes imparciales y confiables las versiones que llegan a nuestros oídos. El problema del rumor, sin embargo, es que, de golpe, puede tener un alcance insospechado: lo que inicia como un comentario suelto entre dos personas puede crecer y convertirse en una “verdad extraoficial”, de conocimiento público, que reproduce, tristemente, ficciones y desinformación. El impacto de un cuchicheo, por inocente que parezca, puede llegar a ser desmedido. El rumor es un factor que perjudica la estabilidad del clima organizacional de cualquier institución, incidiendo en el estado de ánimo de sus integrantes y, particularmente, en su motivación y confianza.

Quiero dejar en claro que, con lo que estoy diciendo, no sugiero que la comunidad debe dejar de expresarse. Todo lo contrario. Abundan en la comunidad opiniones y críticas valiosas sobre la Universidad, sobre su estado, sobre sus acciones a futuro, que pueden enriquecer nuestro quehacer. Necesitamos de sus comentarios.

Por eso, además de contar con medios de comunicación institucional, ideados para mantener informada a la comunidad unicentralista, hemos abierto espacios para la discusión colectiva en torno a temas sensibles y de gran relevancia para la comunidad, como el Café con el Rector; contamos con escenarios participativos para representantes docentes y estudiantiles en órganos colegiados como el Consejo Superior, el Consejo Académico y los Consejos de Facultades, a los que pueden acudir para expresarse y presentar temas de interés colectivo en materia académica, administrativa y organizativa. Asimismo, implementamos hace cinco años el sistema FQRS (felicitaciones, quejas, reclamos y sugerencias), herramienta concebida para que la comunidad y el público externo pueda compartir sus opiniones e inquietudes sobre el quehacer institucional y para medir el nivel de satisfacción del público y la calidad de los servicios educativos que prestamos. Aprovechemos estos espacios y canales para estar conectados y bien informados.

Los invito, pues, a que tomemos una distancia prudente frente a la información que recibamos. Tomémonos el tiempo y la paciencia suficiente para evaluar con calma y de manera consciente las noticias de que nos hagan partícipes. No cedamos a la tentación de rumorar sin causa. Hablemos siempre de la Universidad, pero hagámoslo con sentido crítico, con sensibilidad y conocimiento. Somos parte de este proyecto: apropiémonos de él y reconozcamos que todo lo que se diga de la Institución, nos atañe y nos afecta.

Un saludo afectuoso,

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